Cuando escuchamos y cantamos música cristiana, en ese momento no solo alabamos a Dios, sino que también redirigimos nuestros pensamientos hacia El.

Todos los días somos bombardeados con anuncios de toda clase; todo el mundo esta tratando de llamar nuestra atención.  Además de eso, diariamente, tenemos que pensar en el estudio, el trabajo, nuestra familia,  y todas las demás locuras que pasan por la mente.

Cuando vamos a la iglesia no solo vamos cargados  y cansados, sino que también vamos distraidos.  La distracción nos hace insencibles a lo que Dios esta haciendo.  Entre tantas voces que nos hablan es muy dificil reconocer la voz de Dios.  Al final salimos de la iglesia insatisfechos, o simplemente salimos igual.

El tiempo de alabanza y adoración nos ayuda a dejar a un lado todas estas distracciones y redirige nuestros pensamientos hacia Dios.  Durante este tiempo, por medio de la música y su letra, recordamos que Dios es grande, bueno, misericordioso y amoroso.  No solo eso, sino que también cantamos acerca de lo poderoso que es Dios.

Quizás estamos pasando por problemas o alguna necesidad físca o material, pero cuando cantamos estamos recordando que el Señor es nuestro pastor y nada nos faltará.  Al cantar, no solo alabas sino que también estas proclamando y declarando lo grande que es Dios.

Imagina el tiempo de alabanza como la transcisión entre los afanes y distracciones del mundo a la hermosa y preciosa presencia de Dios.  Aprovecha este tiempo al máximo.  Disfruta este momento y deja que tu enfoque se vuelva hacia Dios.

Con tu mente y corazón enfocados en Dios podrás experimentar su presencia y no saldrás igual.